TARACEAS LOLA

Lola Lozano, artesana de la taracea y de la marqueteria, desde hace 12 años en su taller, hasta ahora en Madrid, y ahora en Villaviciosa de Asturias, realizando trabajos propios y por encargo de Taracea y Marqueteria, asi como impartiendo cursos en distintos lugares de Asturias, te da la bienvenida a su web.

La taracea tradicional, trabajada con bisturí y maderas nobles, para decorar muebles auxiliares y objetos de madera, decorando finamente cualquier objeto, como se ha realizado durante siglos.

Así mismo, imparte y realiza cursos y trabajos en marqueteria tradicional ( a segueta) con delicados trabajos en falso carey, como peinetas, pulseras, etc...

Espero que sea de tu interes para promocionar este viejo oficio artesanal del que vemos muchos ejemplos, pero que muchas veces pasa desapercibido.

EL ARTE de la Taracea  y la   Marqueteria

La taracea es el arte de embutir láminas de madera, hasta conseguir dibujos y figuras, pudiendo modificar, a través del calor, los tonos y colores de la madera para conseguir los tonos deseados.

Mi trabajo se realiza igual que en el siglo XVIII, (con navaja fina), aunque actualmente,  se trabaja con bisturí quirúrgico, por su mayor perfección de corte.

Se pueden chapear casi todos los objetos y muebles, con chapas de 0,5 mm. de grosor ó menos, con maderas nobles, sobre las que se trabaja el diseño y combinaciones de maderas. Las maderas se pueden "tostar" con arenas de sílice, o bien simplemente con calor intenso, hasta conseguir sombras y distintas tonalidades.
 
Ejemplos de la historia de la marqueteria:
 
  DETALLE MARQUETERIA ITALIA      MARQUETERIA SIGLO XVI       MUEBLE TARACEADO ESTILO LUIS XV 

PUERTAS DE SAN LORENZO DEL ESCORIAL       DETALLE TARACEA S. XVIII       MESA S. XVII TARACEADA

 

MUEBLE ART DECÓ          Caja de Tabaco S XIX

Obras Cumbre de la Marqueteria y Taracea:

 

 
 

La Taracea es un arte absolutamente artesanal ya que cada pieza es única e irrepetible y es el resultado de muchas horas de paciente labor.

 

La taracea ha sido utilizada desde las civilizaciones orientales y mediterráneas más antiguas para la decoración de objetos de uso, pequeños y refinados, como arcas y cofres, y de muebles preciosos, como atestiguan fuentes literarias y hallazgos arqueológicos; en lo que a estos últimos se refiere, hay que señalar que lógicamente, dado el carácter perecedero de la madera, no se trata de obras enteras, sino de materiales y restos que confirman la existencia de la técnica decorativa original. 

La madera usada con preferencia era el ébano, le seguían el boj y el tejo, unidas a diferentes materiales como marfil, hueso, piedras duras o pastas vítreas. En la literatura antigua se habla de estas taraceas, con dibujos preferentemente geo­métricos y alguna vez figurativos, haciendo referencia al origen oriental de la técnica: origen que también ha sido propuesto para una de las pri­meras técnicas de taracea en el Occidente me­dieval, la taracea llamada certosina o cartujana, por haber sido practicada por los hermanos de la Orden de San Bruno o Cartujos. En este tipo de taracea se utilizaban, junto con varias maderas desde el ébano a madera de árboles frutales, hueso, marfil y madreperla; las teselas, diminutas y de diferentes formas poligonales, se colocaban formando pequeños motivos decorativos geométricos y se fijaban con almáciga a la madera del fondo, generalmente de nogal.

El empleo de la taracea cartujana se limitó en un primer momento a cofres y arquetas; posteriormente… en los siglos XIV y XV, se pasó a decorar verdaderos muebles y, sobre todo, grandes arcones de sacristía y de ajuar, especialmente en las regiones del norte de Italia. (...)

La taracea a partir del siglo XIV aparece en Europa conectada con la moda de dejar las superficies de los muebles al natural, sin cubrir de estuco o pinturas. Muy pronto los taraceadores llegaron a ser habilísimos en cortar en láminas delgadas las maderas disponibles, como boj, nogal, ciprés y más raramente ébano, jugando con sus diferencias cromáticas para lograr múlti­ples efectos decorativos.

Una maestría especial requería la llamada taracea a secco, que consistía en disponer las teselas en una superficie de madera, encerrada en un bastidor, formando dibujos geométricos, sin almáciga o cola, contando sólo con la perfecta correspondencia de los contornos y de los grosores de cada una de las piezas. Esta técnica era posible porque, hasta finales del Renacimiento, las teselas que formaban la taracea se incrustaban a una cierta profundidad dentro de la superficie a decorar, mientras que en los siglos posteriores, sobre todo en el XVIII, la taracea se hace más superficial, dando lugar a la llamada incrustación que hace imprescindible la almáciga.

Otra técnica usada en la taracea geométrica es la denominada, por el nombre toscano: toppo, del paralelepípedo que se obtiene uniendo con almáciga varias tiras poliédricas de madera de colores diferentes; cortando transversalmente el toppo en secciones finísimas se obtienen, gracias a la diferencia de las maderas, pequeños rosetones o estrellas estilizadas, que se aplicaban normal­mente como decoraciones en los recuadros y bordes de los muebles.

De la pequeña taracea de dibujos geométricos, corriente en Europa en la época gótica y durante todo el Quattrocento para la decoración del mobiliario, normalmente entallado, se pasó en Italia y sobre todo en Toscana, en el mismo siglo XV, a la taracea perspectiva, que reproducía temas figurativos y vistas arquitectónicas; se trata normalmente de trabajos de grandes dimensiones, destinados a decorar superficies enteras de muebles ‑sobre todo arcones ‑ y también sillas de coro, puertas y paneles de revestimiento de pa­redes.

Los motivos que debían reproducirse en tara­cea se dibujaban en un cartón, que se recortaba por los contornos de los diferentes elementos para hacer plantillas; estas plantillas se colocaban sobre planchas delgadas de madera de diferentes calidades según la zona de la taracea a que se destinaban y, con formones y otras herramientas afiladísimas, se recortaba la madera siguiendo los bordes del cartón.

Luego se encolaban las plantillas de madera así obtenidas sobre un soporte, también de madera, con una almáciga muy fuerte para reconstruir en un conjunto el dibujo.

Las maderas empleadas eran las más duras de las disponibles en el lugar: olivo, nogal, álamo, boj, ciprés, encina y arce; este último … era muy apropiado, por su color muy claro, para los tonos luminosos de la composición.

Para las sombras se recurre sobre todo a la madera de encina, sumergida en agua durante mucho tiempo hasta que se ennegrece, o a la aplicación de un hierro al rojo sobre la taracea ya puesta en su sitio; también se coloreaban las maderas hirviéndolas en soluciones de diferentes colores, o mediante aceites y mezclas especiales que se hacían penetrar en la madera, obteniendo así una mayor riqueza cromática.

La coloración artificial con el hervido, … había sido ya em­pleada, antes de … la mitad del siglo XV, (...).

La taracea pictórica, cuyos orígenes hay que buscar probablemente en Siena a principios del siglo XIV … alcanzó su máximo esplendor en Florencia en el siglo siguiente; en la segunda mitad del siglo XV trabajaban en la ciudad ochenta y cuatro talleres de taraceadores, que se ocupaban del diseño (...) y realización del trabajo; (...)

A partir de ese momento las composiciones de las taraceas se van a desarrollar estrechamente ligadas a la visión florentina del espacio … cuya composición, claramente planteada sobre las relaciones precisas de las líneas de fuga y de las ortogonales, se muestra particularmente apropiada para ser realizada con la gran precisión y la estructura lineal de la taracea.

Otro tema muy querido por los taraceadores, por diferentes motivos, era el de los cuerpos geométricos, poliedros, pirámides, ingeniosas esferas de puntas de diamante, … De aquí se pasará, poco más o menos por los mismos años, a las representaciones ilusionistas del trompe‑l'oeil y a la naturaleza muerta, (...) Este equilibrio se irá inclinando paulatina­mente, especialmente en pleno siglo XVI, en favor del mero virtuosismo: la taracea pasa a conver­tirse en una habilísima y minuciosa traducción de las obras de los pintores del momento, privada de una autonomía de lenguaje propia; …

A finales del siglo XVI se producen en Italia muebles de gran riqueza, cuyas movidas estructuras se decoran con incrustaciones de materiales preciosos, mármoles, piedras duras.... en los que la taracea adquiere una función secundaria. En cambio goza de un favor especial en Alemania y en Holanda, donde desde la segunda mitad del siglo XVI y durante todo el XVII se construyen armarios, aparadores y bargueños de grandes dimensiones, a menudo de doble cuerpo, con puertas amplias, particularmente aptas para la taracea, que presenta un vastísimo repertorio de temas, desde los de flores y los pájaros, interpretados con un minucioso naturalismo de gusto nórdico, difundido sobre todo en Holanda, a los variadísimos de los muebles de Colonia, Augsburgo y el Tirol, con ruinas arquitectónicas, paisajes, cacerías y motivos caprichosos, inspirados en las ornamentaciones manieristas. En estos muebles se utilizan ampliamente maderas coloreadas y, en los ejemplares más tardíos, maderas exóticas, la técnica es la incrustación, … : es una taracea realizada de una manera muy cuidadosa, pero mucho más superficial que la de los siglos XIV y XV. (...)

En el siglo XVII fue muy empleada la técnica de la taracea incrustada, llamada también "Boulle" por el gran ebanista de Luis XIV, André‑Charles Boulle, que dio en sus muebles un precioso ejem­plo de ello, utilizando preferentemente, en lugar de madera, refinados materiales como madreper­la, cobre, carey y bronce dorado.

El procedimiento técnico, que entra en el ámbito de la taracea (y como tal fue muy utilizado posteriormente), consiste en superponer dos láminas de madera de calidad y color diferentes pero de idéntico grosor, manteniéndolas estrechamente unidas por una prensa ("burro") y recortándolas a la vez según un dibujo dado; una vez separadas las láminas se obtienen cuatro plantillas, dos macizas y dos huecas, intercambiables entre sí; se alternan así, muchas veces en el mismo mueble, dibujos idénticos de valores cromáticos opuestos, llamados respectivamente por los ebanistas parte y contraparte.

Este tipo de decoraciones se encuentra sobre todo en los muebles franceses, que a partir del siglo XVII, … ocupan un primer lugar dentro de la producción europea. La dis­ponibilidad de maderas para la ebanistería se enriquecía entretanto gracias a las conquistas coloniales; se inicia así, sobre todo en la taracea de incrustaciones, de la cual acabamos de hablar, y que, con el nombre francés de marqueterie, será la más difundida durante todo el siglo XVIII, la utilización amplísima, junto a maderas locales, de las exóticas, como la de rosal y viola, palisandro y caoba, que permiten conseguir efectos de gran finura y de gracia dicciochesca en los trabajos de los taraceadores más importantes del siglo, … que trabajan todos en París y son autores de los muebles con taraceas en los estilos Luis XV y Luis XVI, con motivos florales, chinerías y pequeños dibujos geométricos; …

Gabriella Gallo Colonni en Las técnicas artísticas, coordinado por Corrado Maltese.
Ed. Cátedra; Manuales Arte. Barcelona 1997 Págs. 342-349

 
La marquetería se puede definir como el arte de combinar y ensamblar una figura, como las piezas de un rompecabezas, realizada con trozos de chapa de madera (láminas de menos de 1 mm. de espesor) valiéndose de los diferentes colores y de las distintas orientaciones de las vetas, logrando como resultado un mosaico complejo de alto valor estético y decorativo.

En esta técnica artesanal se trabajan las chapas de madera en un mismo plano, generándose un área absolutamente lisa y de un mismo espesor, que luego irá pegada en una superficie que es la base del mueble u objeto que se desea decorar.
 

 

  Este arte milenario se conoce desde el año 3.500 A.C., existen jeroglíficos hallados en el Valle de los Reyes, que muestran a maestros egipcios recortando chapas o láminas de madera para concretar trabajos en marquetería. Más adelante pasó a Occidente, donde con el correr de los años se perfeccionó, especialmente en Venecia, Andalucia y Paises Bajos.


Durante el siglo XV se manifestaba fundamentalmente en diseños arquitectónicos, formales y geométricos. En el siglo XVIII, especialmente en Europa, alcanzó su apogeo con la realización de diseños asombrosamente intrincados y hasta exagerados.

 
Con la revolución industrial se crean máquinas que enchapan y se pierde la tradición a mano, sustituyendo los nobles materiales naturales por sintéticos, usándose hoy en día, fórmicas, maderas recicladas, aglomerados, etc. que impiden encontrar auténticas obras de marquetería, como la de los maestros del pasado, marcando una profesión que se pierde irremediablemente. La marquetería es, pues uno de los más antiguos y bellos
oficios artesanales del mundo, que llega hasta nosotros cargada de historia y que lamentablemente, por la industrialización y el uso de materiales sintéticos, se está extinguiendo

 

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